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22 ene. 2014

The End

Es hora de hacer balance y ser sinceras: ¿sirven para algo este tipo de experiencias (casi)profesionales? ¿O hemos perdido el tiempo? Si ya nos lo dicen todo desde otros blogs, ¿por qué crear uno más?

Pues porque el ensayo y error ha sido un método infalible para hablar de lo que será nuestra rutina dentro de poco. Nos hacía falta una asignatura de dimensiones reales, con problemas reales, para empezar a poner en práctica cuatro años de carrera. Y qué mejor manera de practicar que asumiendo el mando de un espacio que dependía exclusivamente de nosotras.

Ahí es donde entra el «formato Blogger»: ¿lo habremos aprovechado? Está claro que nos ha hecho autopromoción, pero alternando con contenidos, recursos útiles, preguntas al aire e interacción con nuestra audiencia fantasma (papá, mamá, gracias por leer y no comentar). Hemos procurado mantener Así traducían lo más dinámico posible a lo largo de estos cuatro meses, siempre guardando el equilibrio entre la pantalla y la vida que hay más allá: amigos, trabajo, el resto de asignaturas, las muchas fechas de entrega... Y nos gusta el resultado.

Seguimos enamoradas del diseño como el primer día. Quizá no es el formato adecuado para un escaparate donde vender nuestros servicios de traducción (¿habéis visto las webs de Molmola, Júramelo o Want Words?), pero Blogger se ha convertido en la plataforma ideal, y la más sencilla, en nuestra tarea de escribir una memoria no ordinaria.

Nos disculpamos si alguna vez os parecimos marisabillidas. Esto ha sido un experimento en un entorno controlado, somos conscientes. Como novatas y meras estudiantes, entendemos que aún nos queda mucho por andar.

Hemos aprendido:
  • a atrevernos a enviar un trabajo sin más visto bueno que el propio;
  • a trabajar en equipo, a confiar y delegar, a complementarnos, porque no siempre para que algo salga bien tiene que hacerlo uno mismo;
  • a buscar por nuestra cuenta (y riesgo) soluciones a los problemas técnicos que han ido surgiendo;
  • a gestionarnos, organizarnos y manejar situaciones de estrés;
  • a exprimir los minutos, a ser más productivas.
Hay que pulir esas técnicas para darse a conocer (y captar clientes). Sabemos que aún podemos aprovechar más el tiempo, pero que eso depende de encontrar un horario de oficina y dedicarse por completo al oficio. También debemos ofrecer un servicio más especializado y, para ello, estudiar el mercado y sus necesidades.

No cerramos esta entrada con pesimismo y desconfianza. Nada de lloriqueos. No es que el traductor pase desapercibido y nadie nos quiera. Debemos adaptarnos al mundo real y encontrar la forma apropiada de comunicarnos con él y vender nuestros servicios. En este sentido, Así traducían ha sido un experimento único para aprender de nuestros aciertos y errores. Y disfrutar traduciendo (que, al fin y al cabo, era a lo que veníamos).

Gracias por leernos,
Irene y Tania

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